Consolidación

Aplicacion_mortero_consolidado_mosaico_Escuela_Arte_Merida
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Consolidación

En esta fase se describe el proceso por el cual el mosaico obtiene un soporte definitivo. En esta ocasión se ha optado por un mortero de cemento y arena, reforzado con malla de fibra de vidrio.

Elaboración del mortero.

La proporción idónea para preparar este tipo de mortero es 3:1:1/2 (tres partes de arena lavada de río por una de cemento blanco Portland por una y media de agua).

Inicialmente se criba la arena, para evitar añadir cuerpos «extraños» en la mezcla. La grava resultante no se deshecha sino que se incorpora otra vez al árido. La diferencia de granulometría y la adecuada proporción de agua son parámetros muy importantes, ya que favorece que las características y propiedades de los morteros se cumplan.

Es recomendable cribar tanto el cemento como la arena para descomponer los fragmentos compactados, debido a la humedad del ambiente. Seguidamente, se mezclan en seco dando lugar un color y textura homogénea, momento en el cual se añade el agua progresivamente al mismo tiempo que se continua batiendo.
La cantidad de agua que precisa esta mezcla es la que permita un amasado y textura. Similar a la que en repostería precisa la masa de un bizcocho.

Vertido y nivelación del mortero.

Una vez hemos logrado un mortero con la textura buscada, lo vertemos y extendemos progresivamente. Con ayuda de un palustre se esparce y se vibra la mezcla con el fin de ocupar toda la superficie, al mismo tiempo que penetra en los intersticios.

Los colgadores y el retazo de malla de fibra de vidrio se inserta entre la capa de teselas y el mortero, obteniéndose un único cuerpo. El grosor del mortero viene dado por la altura de los perfiles de aluminio empleados para el encofrado.

Una vez cubierta toda la superficie del molde, se vibra, logrando que el aire atrapado en el interior de la mezcla ascienda a la superficie junto con el exceso de agua que pueda presentar la argamasa.

El tiempo recomendable de secado para una correcta consolidación, vienen dada por la temperatura exterior y el grado de humedad. Entre 7 y 10 días puede ser suficiente para obras de tan pequeño tamaño. En época estival es recomendable regar el mortero diariamente ya que así se evita un secado excesivamente rápido, que afecte a las propiedades del mortero.

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